sábado, 1 de junio de 2013

El día de la orla

Estamos con los exámenes finales, la juventud nerviosa, con ganas de terminar y disfrutar del verano pero a la vez con miedo de no estar a la altura de las circunstancias. Pues yo recuerdo otro gran momento que creo que me marcó bastante y me define muy bien. Habiamos terminado el bachiller, y era la entrega de las orlas. Era el acto que indicaba que ya no volveríamos a pisar el instituto, el último día que veríamos a nuestros profesores y a muchos de nuestros compañeros. Todo el mundo estaba nervioso, arreglandose para estar elegante ese día tan especial. Yo tenía otros nervios distintos. Unos días antes hablando con la tutora ella quería hacer algo distinto, algo especial en aquel día. Yo como siempre suelto lo primero que se me pasa por la cabeza. Podíamos hacer un karaoke. Mis compañeros me miraron como diciendo tu estás loco. Las compañeras les pareció una buena idea y me apoyaron, y la profesora enseguida me encomendo la tarea de organizarlo para que saliera bien. Como siempre me había metido en otro fregado. No podía estar callado e ir como cualquier otro alumno, recoger mi orla cuando me llamaran luego tomar un canapé y charlar un poco con los profesores de lo que nos espera en la universidad, tenía que abrir la boca. Llegó el día, y no sabía aún como saldría, tenia los microfonos, tenia el karaoke, tenía los discos y el DVD con las canciones. Le pregunto a la tutora sobre una televisión, que no podía llevarla, si podiamos coger la del aula del instituto. Son las 19h, tengo la mayoría pero falta la tele. Cuando lo pruebo no me funciona el DVD, me indican que hay pocas canciones... Rápido empiezo a pensar, ¿queréis alucinar de verdad?. Cambio de planes, hay que hacerlo todo de nuevo. Voy a mi casa, grabo un disco con un programa de karaoke para ordenador con más de 500 canciones. Le pregunto a una compañera de clase si me podía dejar el portátil, que si lo hacía me salvaba el cuello, ella enseguida accedió, en aquellos años no todo el mundo tenía portátil, pero ella muy gentilmente me salvó la vida. Estaba a punto de comenzar el acto de la entrega de la orla, yo llegaba a correprisas con el portatil, lo encendía instalaba el programa, lo probaba, ¡¡funcionaba!! Probé los microfonos con los altavoces y también sonaban correctamente. Volví a respirar, lo había logrado. Mientras yo vivía este stress, todo el mundo estaba conversando, disfrutando de los canapes, y preparados para recoger su orla. El acto fue muy bonito, en una sala conocida por todos como la pecera, porque no tenia dos paredes de cristal y similaba eso. Fueron llamándonos uno a uno a todos los alumnos mostrando en un proyector una foto de nuestra infancia. Entre risas y comentarios graciosos fuimos todos subiendo a recoger la orla, y agradecerle a los profesores esa confianza depositada en nosotros y no dejarnos rendirnos ante un año tan complicado como es el último año de bachiller antes de hacer el selectivo. Por fin había desconectado de mi egocentrismo y empecé a valorar el calibre de este acto. Habiamos logrado superar el año más duro de nuestra vida estudiantil, un año lleno de muchos retos, de muchas dificultades, pero pasito a paso todos se fueron consiguiendo y por fin habiamos llegado a la meta. Atrás quedaban nervios estudiando, nervios en el momento de esperar un resultado después de haber echo un control, pensar que no somos capaces de aprender más. Muchos conceptos, muchos asignaturas. ¿De que nos sirve saber esto? todos nos hemos preguntado esto alguna vez. Y todos hemos respondido, esto no me sirve para nada. Pero gracias a nuestros profesores y a su motivación por enseñarnos hemos logrado aprender y hoy en día ser personas competentes y con una gran educación. El acto finalizó y un grupo de música calpino nos brindó un magnifico concierto que nos animó la velada. Estaba siendo un acto todo perfecto, y luego iba lo mio. ¿cómo lo vería la gente? ¿la gente participaría?¿La gente se marcharía a casa? Yo quería darle importancia a mi acto también. Me acerqué a mi tutora y le pregunté si podíamos utilizar el proyector que habiamos utilizado durante la entrega de orlas, era perfecto para que todo el mundo viera la letra de las canciones y no solo el que cantara que estuviera cerca del portátil. La tutora me indicó que el proyector era del AMPA, que se lo preguntará a ellos. Corriendo me acerqué al presidente del AMPA que por suerte lo conocía porque era el padre de una compañera de mi clase. Se lo consulté y aceptó, nos lo iba a dejar, pero tenía que cuidarlo. Por fin tenía todo preparado para dar el campanazo. El concierto finalizó con un gran aplauso de todos los asistentes, y el silencio se hizo en el instituto. No era un silencio incomodo, la gente estaba tertuliando pero no sabían que hacer a continuación. Era mi momento, mis compañeros me preguntaron ¿cómo va el karaoke?. Enchufé el proyector, enchufé el portatil, y todo estaba preparado. ¡Ya podéis cantar! ¿Qué canciones hay? ¿A ver? alaa esa está muy chula, pero yo sola no, no yo el primero no. Escuchaba eso y mis nervios iban en aumento, la cosa o empezaba o la gente se iba a ir. Cogí el micro, elegí una canción y al ruedo. Elegí una canción de Los Caños, "Niña piensa en ti", la canción empezó a sonar estaba temblando, habían más de 100 personas allí en el patío del instituto todos charlando y riendo. Llega la letra y suena mi timida voz, una voz muy aguda que tiembla un poco de los nervios. La gente se calla. Ahora si estabamos en silencio, solo se me oía a mi interpretando o destrozando el tema. Apoyado sobre una columna escondiendome de la multitud. La gente se preguntaba, ¿quien canta? Fueron los 5 o 6 minutos más largos del mundo, parecía que me iba a ahogar, hacía calor, estaba sudando. La canción terminó, podía respirar ya. Me giró a ver a la gente, y allí estaban todos mirandome, en lo que mis compañeros de clase empiezan a aplaudirme y a gritar ole tus huevos Padi. Enseguida se animaron a coger el micro, eligieron la canción y de dos en dos empezarona cantar, de tres en tres, en grupo, los profesores, padres y alumnos, todos se animaron a cantar. Lo había logrado, el acto había sido perfecto, algo familiar y divertido que me imagino que todos guardaremos en el recuerdo, se había roto la barrrera entre profesor y alumno; todos disfrutamos de aquel magnifico día. Y yo me sentía muy satisfecho de la graduación y de nuevo de lograr mi reto personal, superando todos los contratiempos y miedos que sufrí, pienso que con buena nota.

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