El tiempo, esa magnitud que todo el mundo teme.
Nadie quiere que corra el tiempo sobre si, piensan que por culpa de él se les pasa la vida, por su culpa pasan los buenos momentos, y por él se olvidan los recuerdos.
El humano inventó una medida estándar para que todos pudieramos controlar nuestra evolución. Se inventó el reloj del sol, con eso podiamos dominar la mañana y aprovechar al máximo el día. Por la noche, el sol dormía, y el humano le acompañaba.
La tecnología fue avanzando, y se inventó el reloj con 24 horas, 60 minutos y 60 segundos. El reloj, junto con el calendario, de 365 días, a partir del nacimiento de cristo, son nuestros dos ejes de medida.
A través de ello, sabemos cuando somos maduros, cuando estamos abuelos, cuando estamos en edad de estudiar, cuando llegamos tarde a trabajar, cuando llegamos tarde a casa después de fiesta.
Pues yo me revelo ante tal situación. Cansado de que me digan que debo hacer, como debo ser, y cual es mi destino. Invento mi propio reloj, ese que tengo en mi interior y que solo yo conozco.
Cada persona es distinta, tiene un entorno y unas circunstancias distintas en su vida, que la hacen percibir la vida de forma diferente.
Esa gente que intenta decir que la edad de jubilación es a los 67 años, que se lo pregunten a cada individuo, esas mismas que obligan a los jovenes a estar hasta los 16 años estudiando. A ver si aprenden que cada persona es un mundo, y tiene la suficiente libertad para decidir que hacer con su vida.
La edad del pavo no comienza a los 14 años, aveces no llega, incluso aveces nunca termina. La madurez no llega a los 18 años, incluso aveces ni llega.
A partir de las 00:00 no es tarde, ni a partir de las 9:00 de la mañana es temprano.
Todo esto, medidas con la que pretenden controlar nuestras emociones, nuestros sentimientos, alguien que quiere manejar correctamente a su rebaño deben ser destruidas.
Yo pienso ser más egoista, y fijarme en mi reloj. Ese que nadie conoce, que solo veo yo avanzar a su ritmo. Donde no existen, segundos, minutos, horas ni años. Todo llega a su tiempo, y todo desaparece en el momento adecuado.
Disfruto de mi juventud, que he alcanzado cuando yo he querido, no cuando me han dicho, y me olvidaré de ella cuando yo quiera, y si quiero olvidarme de ella.
Sentare la cabeza cuando yo sienta, y si no lo siento, seguirá corriendo.
Saldré de fiesta, cuando me apetezca y no dependeré del resto de la sociedad, porque yo soy quien me hace feliz, y no necesito que me digan cuando debo salir para divertirme. Y me iré a casa cuando mi cuerpo diga basta, no cuando la discoteca diga que llega a su fin.
Evolucionaré siempre, pero no como dicte la sociedad, sino como dicte mi corazón.
Y todo terminará, cuando me de cuenta que mi reloj ya no puede avanzar más, y si termina antes, sabré que he vivido siendo fiel a mi mismo, y no siendo una marioneta.