domingo, 17 de octubre de 2010
recuerdos
Estaba anocheciendo, el cielo de color purpura me cubría las espaldas. Sólo por las calles de Calpe caminaba, coches iluminando la calle pasaban con un sonido ensordecedor, con prisa de llegar a su destino.
Caminando sin ningún rumbo, dejándome guiar por las sensaciones del momento, acabe llegando al colegio. Ese que tanto odiaba de pequeño, y al que nunca quería entrar. Hoy sin necesidad de ir y con unos años entre medio sin vernos, me fui a visitarlo sin esa voluntad.
Apoyado en un pino viendo el patio, miles de emociones de pequeño me vinieron a la cabeza. Cuando corría, cuando sonreía, cuando le levantaba la falda a las niñas… años de travesura e inocencia enterrados por los años.
Más nítido se dislumbró un recuerdo, es recuerdo que dibujo una leve sonrisa inicial.
Con 6 añitos no paraba quieto en el patio, corría, pillaba a uno a otro. Jugaba a futbol, pegaba puntapiés a una portería, a la otra, daba igual con quien fuera, el balón había que darle patadas y yo era el que más le daba, además de llevarme algún pie por delante. Era un nervio constante, mis compañeros no me decían si les caía bien o mal, porque no podían seguirme corriendo, cuando parecía que me iba a sentar en un banco, la gente alucinada despacio se movían hacía mi, para ver que me ocurría, pero antes de pegar el culo en la madera, daba un brinco y saltaba el banco a los dos pies, y cuando no lo saltaba me daba en todos los morros contra el suelo, pero eso tampoco conseguía determe. Era un pequeño Son Goku en potencia, la tele mi mejor amigo, y Son Goku ese amigo que nunca tuve.
Cuando me dolía algo, me tomaba el “pesols mágics” y se me olvidaban todos los dolores, si necesitaba más energía para correr más, iba a la fuente mágica a tomar la “pócima mágica”. No había dia que no me concentrará he intentará convertirme en super guerrer, pero el pelo solo se me puso rubio, cuando fui a la peluquería y me lo tinte completamente de rubio cuando crecí unos añitos.
Una persona fue la que consiguió cambiar el ritmo de mi vida. Una chica que no conocía, pero que siempre se sentaba cerca de la valla a leer. ¿Una niña a la que le gusta leer? Debe de estar loca con lo aburrido que es eso, pensaba yo.
Pero poco a poco fui fijándome más en ella, desde la lejanía, de vez en cuando la miraba pensando que ella no se daba cuenta. Nuestras miradas empezaron a cruzarse, y yo con la timidez de la edad, cuando me sentía descubierto, giraba la cara y salía corriendo.
Al final me pararon, una escayola en la pierna derecha, fue la única que pudo detenerme, y al lado de mis amigos me sentaba en un banco a ver como ellos jugaban, mientras yo me lamentaba de no poder estar con ellos. Mientras me odiaba por tener ese cacho de yeso en la pierna, que tanto picaba. Maldecía a todos los dioses y no dioses por estar en ese banco. Cuando me dí cuenta que la chica que leía, se acercaba a mi banco. Mi corazón empezó a correr, parecía que iba a salir disparado por la boca, pero yo la cerré rápido para que no se escapará, y aguantará conmigo.
Hola, ¿qué tal? ¿Cómo te has hecho eso? Señalando mi escayola, yo no sabía que decirle, no me salían las palabras, tenia miedo a hablar, y que se escapara el corazón. Le dije, no es nada, es una herida de guerra, dije haciéndome el héroe. Y ella sonrió, deteniendo por un segundo mi corazón.
Todos los días en el patio me sentaba en el mismo banco y ella venía a leer a mi lado, a veces cruzábamos alguna tímida palabra, pero me encantaba su sola presencia a mi vera. A veces la observaba leer, y me imaginaba lo que estaría pensando. Era mi juego en ese estado de inmovilidad, pensar lo que la gente pensaría. Meterme en sus pellejos, e intentar sentir sus emociones.
Un día, sentado al lado de ella, mirando la gente disfrutar del patio, hubo algo que me descentró, me cogió de la mano. Mil sensaciones recorrieron mi interior. Sólo me había cogido de la mano, pero nunca antes una chica lo había hecho.
Desde ese instante, me subí en un vagón, empezando un viaje de nuevas experiencias, sentimientos desconocidos y sensaciones inigualables.
Cada día era una nueva ilusión, tenía ganas de verla de estar a su lado, no sabía que iba a pasar, pero su sola presencia, y el saber que ella quería estar a mi lado, era suficiente para olvidarme que seguía con la escayola que me impedía moverme, para olvidarme que tenía que ir a la escuela a estudiar. Cada mañana sonaba el despertador, y de un brinco me despertaba, con ganas de vestirme, peinarme, y ponerme colonia para que ella pudiera olerme y recordar mi fragancia, como yo recuerdo la suya.
Llegaba el fin de semana, y al no ir al colegio, no al veía, se me hacían eterno esos dos días que los pasaba sin verla, y aumentaba mi deseo de estar junto a ella de nuevo el lunes. Para llevar mejor esa distancia, y que se acordara de mí, le regalé un peluche con embadurnado de mi colonia, para cuando quisiera acordarse de mi lo oliera. Ella me prestó uno de sus pañuelos con los que venía al cole. Ese pañuelo lo cogía y apretaba contra mí cuando iba a dormir , sintiendo esa esencia que me hacía sentir que estaba a mi lado.
Muchas noches soñaba con ella, esos momentos que hemos vivido juntos, esas sensaciones que me ha trasmitido sin ella darse cuenta, y que yo antes desconocía.
Mi vida había dado un vuelco, de ser un niño travieso, y no fijarme en las chicas, a tener en mi cabeza a esa chica y olvidarme del resto.
Llegó el verano, desapareció la escayola y la escuela. Todo estaba cambiando y yo no quería darme cuenta. Podía correr, saltar, jugar al fútbol, pero no me apetecía. Yo quería ir al banco a ver a mi amiga, pero mi amiga ya no estaba, se había ido de vacaciones.
Después del verano, tenía la ilusión de volver a verla, pero me di cuenta que no estaba, pregunté por ella a sus amigas,y me dijeron que se había ido a vivir a otro pueblo. Ella se había bajado del tren, dejándome a mi continuar solo en un viaje que no se donde me lleva.
Una gota me cae en la cabeza, otra, y cientas empiezan a caer con gran velocidad. La lluvía me despierta y me vuelve a abrir los ojos. Corro para casa ahora, que no quiero mojarme y prefiero estar calentito con mis seres queridos.
viernes, 20 de agosto de 2010
El tiempo
Nadie quiere que corra el tiempo sobre si, piensan que por culpa de él se les pasa la vida, por su culpa pasan los buenos momentos, y por él se olvidan los recuerdos.
El humano inventó una medida estándar para que todos pudieramos controlar nuestra evolución. Se inventó el reloj del sol, con eso podiamos dominar la mañana y aprovechar al máximo el día. Por la noche, el sol dormía, y el humano le acompañaba.
La tecnología fue avanzando, y se inventó el reloj con 24 horas, 60 minutos y 60 segundos. El reloj, junto con el calendario, de 365 días, a partir del nacimiento de cristo, son nuestros dos ejes de medida.
A través de ello, sabemos cuando somos maduros, cuando estamos abuelos, cuando estamos en edad de estudiar, cuando llegamos tarde a trabajar, cuando llegamos tarde a casa después de fiesta.
Pues yo me revelo ante tal situación. Cansado de que me digan que debo hacer, como debo ser, y cual es mi destino. Invento mi propio reloj, ese que tengo en mi interior y que solo yo conozco.
Cada persona es distinta, tiene un entorno y unas circunstancias distintas en su vida, que la hacen percibir la vida de forma diferente.
Esa gente que intenta decir que la edad de jubilación es a los 67 años, que se lo pregunten a cada individuo, esas mismas que obligan a los jovenes a estar hasta los 16 años estudiando. A ver si aprenden que cada persona es un mundo, y tiene la suficiente libertad para decidir que hacer con su vida.
La edad del pavo no comienza a los 14 años, aveces no llega, incluso aveces nunca termina. La madurez no llega a los 18 años, incluso aveces ni llega.
A partir de las 00:00 no es tarde, ni a partir de las 9:00 de la mañana es temprano.
Todo esto, medidas con la que pretenden controlar nuestras emociones, nuestros sentimientos, alguien que quiere manejar correctamente a su rebaño deben ser destruidas.
Yo pienso ser más egoista, y fijarme en mi reloj. Ese que nadie conoce, que solo veo yo avanzar a su ritmo. Donde no existen, segundos, minutos, horas ni años. Todo llega a su tiempo, y todo desaparece en el momento adecuado.
Disfruto de mi juventud, que he alcanzado cuando yo he querido, no cuando me han dicho, y me olvidaré de ella cuando yo quiera, y si quiero olvidarme de ella.
Sentare la cabeza cuando yo sienta, y si no lo siento, seguirá corriendo.
Saldré de fiesta, cuando me apetezca y no dependeré del resto de la sociedad, porque yo soy quien me hace feliz, y no necesito que me digan cuando debo salir para divertirme. Y me iré a casa cuando mi cuerpo diga basta, no cuando la discoteca diga que llega a su fin.
Evolucionaré siempre, pero no como dicte la sociedad, sino como dicte mi corazón.
Y todo terminará, cuando me de cuenta que mi reloj ya no puede avanzar más, y si termina antes, sabré que he vivido siendo fiel a mi mismo, y no siendo una marioneta.
martes, 6 de julio de 2010
Las apariencias engañan
Un grupo de 5 chicos está sentado sobre el bordillo del paseo marítimo. Los cinco chicos van vestidos con un estilo muy marcado, donde predomina el pantalón ancho, la camiseta dos tallas más grandes y el pelo bastante corto.
No están solos en el paseo marítimo, hay muchas personas que pasan por delante de ellos, chicas muy guapas, chicas menos guapas, chicos de fiesta, etc. Todo giraba, la noche avanzaba y cada uno disfrutaba la fiesta como podía.
En ese momento llamó la atención a uno de los cinco chicos, un grupo de tres chicos que paseaban con una sonrisa de oreja a oreja. Ellos no se parecían en la forma de vestir nada al grupillo que estaba sentado. Más bien vestían con ropa más ceñida, con camisas de color rosa, y el pelo repeinado.
Uno de ellos al verlos, llamó la atención del resto y dijo:
- Mira esos maricas.
Todos rieron a carcajada limpia, sin saber si eran o no maricas. Únicamente viendo su vestimenta. Otro dijo al instante:
- Mira que andares.
Y no se demoro mucho la típica broma.
- Yo me voy a poner el tapón en el culo, a ver si me van a hacer la bandera Japón.
Entre tanta risa, los tres amigos que paseaban tranquilamente, se giraron a mirarlos.
Dándose cuenta de que eran motivo de mofa para esos chicos, se sentaron ofendidos en un banco alejado de ellos, pero aun con la suficiente visibilidad como para verles y comenzar una conversación, que les mantuvo entretenidos durante los siguientes cinco minutos.
- Mira los quinquis esos, que se creen superiores. – le dijo uno de ellos al resto.
- Debajo de esa ropa de macarrilla, realmente son unos cagaos, siempre van en pandilla porque no son nadie solos.
Detrás del banco un grupo de chicas rubias, estaba mirando al grupo de la ropa ancha, pensando ¡madre mía que chicos más atractivos! Ellas ya estaban planeando la forma de conocer a los chicos. Esa noche no iban a dormir solas, querían que esos chicos los acompañaran, todo eso sin conocerlos aún.
Los adolescentes de ropa ancha, se dieron cuenta que unas mujeres las miraban, y pensaron ya hemos ligado, esta noche lo vamos a pasar bien, porque son las tipicas rubias tontas con las que podemos echar un polvo y al día siguiente no tener ningún compromiso.
Los tres jóvenes de ropa ceñida, escucharon cuchichear detrás de ello, con lo que giraron la cabeza instintivamente observando esas hermosas mujeres. Enseguida quedaron prendadas de sus ojos, de su esbelta melena, y esas magnificas curvas. Pero pensaron que toda su belleza es directamente proporcional con su grado de estupidez. Deberían de ser unas chicas que no tienen tema de conversación, que solo valen para un buen polvo,
Mientras tanto, entre risas y carcajadas, los chicos con ropa ancha decidieron entrar en el camaleón, pasando por al lado de los chicos de ropa ceñida, y de las rubias.
Las rubias los siguieron con la mirada, pero se quedaron fuera de la discoteca haciéndose las interesantes.
La noche transcurrió como cualquier otra noche de fiesta, alcohol, música, baile y risas. Pero sucedió lo inesperado, estos tres grupos de amigos mencionados anteriormente pasaron la noche, sin mantener ningún contacto. No llegaron a cruzar ninguna palabra en toda la noche. No era necesario conocer a esas personas, ya sabían como era el prototipo de personas a las que se enfrentaban.
Una pena ¿verdad? Encasillar a cada persona con un grupo o prototipo de persona; olvidando por completo que cada persona tiene su propia personalidad, y las apariencias no son el espejo del alma, sino el escudo. ¿Vas a definir una persona por lo que ves?¿No vas a dejar que te trasmita cómo es?
miércoles, 24 de marzo de 2010
Pequeño va por ti.
¡Hola pequeño! Hoy quiero dirigirme a ti. Sabes que siempre que escribo, envío algún mensaje. Mi mensaje no solo es para ti, es para todos aquellos que me leen. Tú te darás cuenta de unos detalles, pero otros valoraran otros aspectos. Por eso espero que os guste a todos.
En la infancia como todo niño, vivía en mi micro burbuja, pensaba que todo giraba en torno a mí. Qué solo era yo quien sufría, a quien debían de cuidar, a quien debían alegrar, y al que debían de estar a su lado.
Siempre al ser niño te hacían la misma pregunta, ¿No te gustaría tener un hermano? Mi respuesta, dependiendo del día era una. A veces afirmaba la cuestión, porque me gustaría tener un compañero de juegos, y otras veces lo negaba por miedo a que me quitara protagonismo.
Hace 13 años esa pregunta, ya no se podía formular. Ahora sabría la respuesta. Naciste tú. Y contigo se desarrollo mi personalidad. Fuiste la semilla de mi evolución.
Con 10 años, empecé a cuidarte. La gente no me veía capaz de poder cuidar a una persona tan pequeña. Pero en mis brazos te sentías tranquilo y seguro. No tenía la experiencia con niños que muchas madres, o padres, era un irresponsable por culpa de mi corta edad. Pero al abrazarte mi mente cambiaba, mi cuerpo reaccionaba, y sentimientos desconocidos afloraban.
Desconocía que era tener un hermano, pensaba que era tener un amigo, y que de pequeño no podías jugar conmigo, solo eras un enano llorica que se cagaba y tomaba bibe. Eras mi enano y yo me sentía bien a tu lado.
Esos momentos que estábamos tu y yo asolas, eran momentos que nos unían. Empezaba a encontrar una sintonía contigo que nadie podía percibir. Recuerdo cuando te paseaba en el carro, y tu querías darte la vuelta, y poniéndote boca abajo me mirabas sonriendo. Sentía como sabias que estaba ahí contigo, y que era yo quien te hacia feliz, y no el paseo. Te hacia carantoñas, te hacia cosquillas, pitorreos y tu a carcajada limpia me respondías todos mis gestos de afecto.
Este cariño que yo te daba, tú lo trasmitías a la gente que se acercaba a verte. Siempre me encantaba cuando alguien se acercaba y decía, “Míralo esta siempre sonriendo…”, o cuando decían “Que cercano el niño, enseguida se te abraza y te da besos…”
No era consciente, pero ya estaba creando un monstruito. Como cuando un doctor empieza a crear a su criatura. Yo con mi forma de tratarte y de hacerte llegar sensaciones estaba influyendo en tu forma de ser.
Claro que era joven, y necesitaba jugar con mis amigos como cualquier niño. No negaré que a veces me apetecía dejarte en el carro con los papás e irme a meter unos goles en la playa. Pero estábamos tú y yo solos, mientras nuestros padres luchaban duramente cada día para que tuviéramos un futuro prospero.
Cuidarte, no era solo darte de comer, hacerte eructar, cambiarte el pañal, limpiarte el culito, ponerte polvos de talco, pasearte con el carro, dormirte… Eso es lo visible, las necesidades básicas. Pero que ilusa es la gente si se pensaba que ese era el único lazo que nos unió.
Fuimos creciendo juntos, pero nunca dejé de cuidarte y tú de cuidarme.
Se que pensaras que yo te lo he dado todo, pero en las relaciones es algo reciproco el sentimiento. Yo no te trasmito cosas, sin que tú me trasmitas a mí. Me trasmites, me enseñas y me corriges.
Te preguntaras ¿cómo un hermano pequeño puede enseñar algo a su hermano mayor? Muy tonto tiene que ser el tío, para que alguien 10 años más joven pueda enseñarle algo.
Pues estas equivocado. No eres un profesor por intentar enseñarme cosas, eres mi maestro por hacerme pensar, por hacerme sentir y por hacerme crecer.
Gracias a ti, soy hoy quien soy. A tu lado me siento desarrollado, encuentro el motivo por el cual pasen los días, y la fuerza para vencer todos los problemas.
No es necesario que intente enseñarte nada, ni decirte nada, los hechos hablan más que las palabras. Demostrándote el camino a seguir, se que tu verás mis errores y mis virtudes, y aprenderás más de mi que de cualquier profesor.
Por eso se que nunca dejaré de cuidarte, aunque ya no te dé de comer, ni me necesites a tu lado para sobrevivir, se que estando a tu lado vas a conseguir ser mejor. Por eso tengo que cuidarme a mi, para que tu seas feliz.
Solo te veo los fines de semana, por culpa de mis estudios. Pero cuando estoy a tu lado, el tiempo se detiene y aprecio cada gesto, cada palabra que me dedicas. No eres un amigo, o un hijo, eres mi TETE de quien me siento orgulloso, y quien me hace sentir mejor gracias a la admiración que me tienes. Que sepas que nunca te fallaré y estaré siempre a tu lado, aunque no te des cuenta.
Ahora si me dijeran, ¿quieres tener un hermano? Hoy por fin entiendo que es un hermano y les agradezco a mis padres me hayan hecho este regalo, esta vida sin ti no sería tan especial, estaría vacía.
martes, 2 de febrero de 2010
Una sonrisa no basta.
Una Sonrisa
No cuesta nada una sonrisa pero vale mucho. Enriquece a quién la recibe sin empobrecer a quién la da. Dura sólo un instante, pero el recuerdo de esa sonrisa dura para siempre.
Nadie es tan rico que puede vivir sin ella, ni tan pobre que no la merezca. Es la señal externa de la amistad profunda.
Una sonrisa alivia el cansancio. Da fuerzas al alma, y es consuelo en la tristeza. Una sonrisa puede ser un tesoro desde el momento que se da.
Si crees que a ti la sonrisa no te aporta nada, se generoso y da una de las tuyas, porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa como quién no sabe recibir.
Después de estas bonitas líneas, contaré mi historia.
Cada mañana se levantaba sin hacer mucho ruido y no despertar a nadie. Iba al cuarto de baño, se lavaba la cara con agua bien fría, y se miraba al espejo. Monumental sorpresa, cuando se vio una estrella de color blanca que rodeaba su ojo izquierdo. Bajo la mirada y tenía la nariz redondita de color rojo.
Se frotaba bien la cara, para ver si era realidad o un sueño, intentaba borrarse la estrella pero era imposible.
En un momento, entre tanta preocupación, comenzó a reírse. Delante del espejo, sin nadie que pudiera verle, tuvo un ataque de risa, carcajadas que resonaban en toda la habitación. Por fin había visto su encanto.
A partir de ese día, cada mañana se levantaba he iba corriendo al espejo, se miraba fijamente la estrella, la nariz rojita y empezaba a reírse. Esa sonrisa matutina era la gasolina que le proporcionaba la fuerza suficiente para poder disfrutar de ese día.
Él chico pensaba que la gente, al igual que él ante el espejo, podía ver que era un payaso. Pero la gente no veía más allá de un chico de estatura pequeña, con una fortaleza física escasa.
El payaso se dio cuenta, que la gente no le veía como él se veía al mirarse al espejo.
La sonrisas que le producía
el verse, era la alegría
que necesitaba cada día
para poder seguir con valentía
los obstáculos de cada día.
Una luz se encendió en su interior. Si yo soy feliz sonriendo, el resto también puede serlo. Olvidémonos de tanta competencia, de tanta guerra y seamos más generosos.
Las sonrisas las regalaba a todo el mundo, tanto a gente que conocía como a gente que no conocía, gente que le importaba y gente que no le importaba. Esta labor tan gratificante, no era nada costosa para él, pero muy importante para el resto, creaba un vínculo invisible entre quien emitía la sonrisa y quien la recibía.
La noche era oscura, los truenos retumbaban como misiles en una guerra, la lluvia se clavaba en mi cuerpo como agujas de cristal. Pero ahí permanecía sentado pensativo, observando el devenir de los acontecimientos. De repente se acercó alguien que no esperaba.
Era un individuo que tenía un caminar un poco estrambótico. No podía verle con claridad, por culpa de la oscuridad. Poco a poco fue acercándose a mí, pude descubrir cómo iba. Caminaba con unos zapatones rojos enormes, con un pantalón anchísimo a cuadros, seguro que era 10 tallas más grande que la suya, pero se le aguantaba en pie gracias a unos tirantes de animalitos. Una camisa de cuadros azules y verdes, muy graciosa. Pero su rostro era lo más simpático, tenía una estrella en el ojo como yo, una nariz roja como yo, pero además tenía un pelo rizado de mil colores, que no estaba húmedo gracias al enorme sombrero de color verde que le hacía de paraguas.
Le regalé mi sonrisa como siempre hago, él la recogió con mucho entusiasmo diciéndome a continuación,
- Muchas gracias, pero esa sonrisa se ha ahogado entre tanta agua.
No sabía si se refería a mi rostro triste que estaba a punto de desencadenar en una tormenta de lágrimas, o a la tormenta atmosférica que inundaba mi soledad. Pero le respondí,
- Tranquilo amigo, te he enviado la sonrisa con gafas de buzo y tubo, seguro que no se pierde.
Una carcajada grandilocuente nació de los dos a la vez. En se momento comenzó una batalla de frases ingeniosas, que provocaron la huida de las nubes, el cese de las gotas, y la calma en el ambiente.
- No sabes que aquí sólo puede venir alguien a raptarte. – Me dijo mi nuevo amigo con tono apaciguador.
- A ver si es verdad que viene alguien, porque ya va siendo hora de cenar, y tengo un hambre…
Realmente tenía miedo, pero la sonrisa era mi espada y las risas mi escudo.
Al llegar a casa, y acostarme en la cama. Como cada noche, mirando al techo. Ese que nunca se mueve, que nunca te dice nada pero siempre está ahí. Comprendí algo que no había visto antes.
La sonrisa que yo regalo la gente lo agradece, pero es sólo el principio de la entrada a la amistad. Después de esa primera sonrisa, deben de seguirles más risas, carcajadas, provocadas por mi ingenio.
Cuando consigues a alguien hacer reír con ganas, poco a poco te abre las puertas de su corazón. Baja los escudos, tira las armas al suelo, y deja paso a su alma.
No había terminado de encontrar la solución a sus penas, que le venía a la cabeza otra. ¿Cómo hago reír a los que me rodean?
Cada individuo tiene una forma de ver el mundo, todo el mundo tenemos sentido del humor, pero no nos reímos por las mismas cosas. No entendemos, ni percibimos le mundo del mismo modo.
Este era mi gran reto, averiguar cómo hacer sonreír al mundo.
Delante del espejo encontré la respuesta. Yo era un payaso, no tenía que hacer nada, solo debía ser natural. Decir lo que pasa por mi mente.
No debo imitar a nadie, no debo esforzarme en agradar a nadie, únicamente ser tal y como soy.
De esta forma regalaba mi sonrisa, y hacía reír constantemente a la gente.
Mi humor no era un humor inteligente, no era contar chistes, era más bien un humor sencillo, incluso me atrevería a decir absurdo, pero sin maldad. El objetivo de hacer reír, es hacer feliz por eso no puedo hacer daño con mi forma de divertir al mundo, porque no lo estaría cumpliendo.
La risa es mi vicio, uno empieza por hacer feliz a los demás, por alegrar esas tristes caras, pero no se da cuenta que poco a poco la cara de felicidad de los demás empieza a dejar huella en su interior.
Poco a poco son más las caras que han cambiado su semblante gracias a mí, y todas ellas tienen un hueco en mi corazón. Mi felicidad crecía a medida que crecía la alegría de los demás.
No era consciente de nada, pero mi felicidad dependía de las risas de los demás, cuando el mundo lloraba, aparecía como un arcoíris para iluminar sus rostros.
Hay gente que no entiende porque lo hago, hay gente que opina que realmente es tonto el que hace tonterías, pero nadie se da cuenta que su sonrisa es el latir de mi pasión.