lunes, 26 de enero de 2009

Levantarse?

Todo empezó un día de invierno que hacía mucho frío, la situación era la adecuada para disfrutar de la noche. A partir de ese mismo instante comenzó un cambio. Se iniciaban los pasos de una pequeña casa que apenás tenía cuatro paredes y mucha ilusión, muchos sueños por cumplir. Todo era nuevo, desconocido, pero siempre con la confianza de que todo es posible.
La tan temprana edad que lleva consigo la inocencia provocó que todo pareciera dulce, que incluso dos piedras eran suficientes para pasar un día.

Pero a medida que pasaba el tiempo, se iba borrando esa cortina rosa que iluminaba la habitación y que hacía que cada día fuera un motivo por el que despertar. Cuando esta cayó, se fijó que hacía demasiado calor, que hacía demasiado frío, incluso que no había nada detrás de esa ventana.

Pero cuando alguien no pierde la esperanza, siempre se ven colores en una pared blanca, peces preciosos en un mar sin agua, un collar de piedras punzantes capaz de hacernos disfrutar.

Un día mientras la alegría y la diversión de los juegos surgían, flotaban las risas, la soledad no se conocía; se encendió la luz. Y lo único que había era una cueva con el techo muy bajito, no tenía apenas profundidad, no existian risas, eran yantos, eran esqueletos que luchaban en una guerra sin sangre, pero con el único objetivo de sobrevivir.

Los esqueletos con el tiempo se desintegraron no ganó nadie y nadie sobrevivió.

De nuevo las flores florecían, los rayos de sol animaban a bailar, cantar y saltar a todos los animales. Todo esto ya se había vivido, se había disfrutado. Algo que antes no se había visto fue un pajarito muy bonito y dulce, que enseguida nos embeloso con su hermosura y simpatía. Comenzó un viaje, por muchos países desconocidos, por muchas sensaciones indescriptibles, estabamos volando en un sueño entre nubes de golosina, hasta que un día se despertó.

El pájaro dejó de volar, empezó un veloz descenso a tierra que le hizo a travesar la tierra, esconderse bajo una costra, sin fuerzas de volver a salir, sin ganas de asomar la cabeza. Sin ganas de ver nada más.

Poco a poco bajo esas cuatro pequeñas paredes que comenzaron la historia, salió un brazo de debajo la tierra, los esqueletos resurgía del interior de la tierra denuevo, volvía a abrir los ojos, pero siempre sospechando y desconfiando.

Pero ya dejó de mirar por la ventana, de vivir ilusiones y fantasias, fortificando esas cuatro paredes, sin dejar que se vieran oasis en un desierto sin agua.

Las cuatro paredes se hicieron en lo más grande que jamás se había visto, iluminaban las noches oscuras, cantaban afónicas melodias que deleteiban cada despertar. Cuando volvía a abrir los ojos, con protección para ver lo que realmente existe. Las paredes eran el fortín de la esperanza.

Las paredes terminaron por caer, por aplastar todo lo que había construido, y matando la única fuerza que hacía que el mundo se moviera y lo único que hacía viva mi historia.